Celta de Vigo y Real Mallorca disputaron su partido correspondiente a la decimoséptima jornada de liga en Primera División. El choque, que se jugó en tierras gallegas, acabó suponiendo el primer encuentro a domicilio en el que el conjunto bermellón consigue no dejar a 0 su casillero. El empate a 2 fue el resultado definitivo en un partido en el que se vieron goles, penaltis y hasta una expulsión de los visitantes.

Vicente Moreno reservó a un Lago que todavía no está al 100% y Takefusa Kubo volvió a desempeñarse por el costado izquierdo. La primera parte arrancó movida, como casi siempre: a la media hora el Celta ya se había adelantado con un cabezazo de Rafinha y Salva Sevilla logró empatar gracias a un penalti sobre Ante Budimir. Saltaba la sorpresa, el Mallorca reaccionaba a un primer golpe rival, y lo volvería a hacer en el segundo tramo. En todo momento y pese a llevar la iniciativa en el electrónico hasta en dos ocasiones, vimos a un Celta falto de ideas y con la presión de puntuar muy pendiente en su plantilla y su parroquia, hasta resultar incendiaria.

En la segunda parte el guionista pareció ser el mismo. El Celta logró volver a encontrar luz en una senda oscura, y Iago Aspas transformó la segunda pena máxima del encuentro, tras una clamorosa y desafortunada acción punible del ‘Cucho’ Hernández, que había ingresado en el verde de Balaídos al descanso, para formar una dupla con Budimir que acabó teniendo premio. Las cosas no podían pintar peor cuando la escuadra visitante se quedó con 10 por expulsión de Antonio Raíllo. Pero las cosas iban a cambiar radicalmente cuando el gigante croata aprovechó un barullo dentro del área para anotar el que sería el definitivo 2 a 2. El Celta apretó por la inercia de la localía, pero los puntos acabaron repartidos en Vigo.

Un empate que, por fin, rompe la pésima racha del conjunto de Vicente Moreno, que consigue después de ocho partidos puntuar lejos de casa en esta liga. Ahora todo está más encarrilado para afrontar la última jornada de la primera vuelta con confianza, ante un Sevilla en lucha por posiciones europeas, pero con un Son Moix a rebosar para seguir soñando por el sueño, por el objetivo: la permanencia.