El año se acaba y toca hacer balance de lo bueno y malo. El 2018 para el RCD Mallorca ha sido muy especial. Como entidad, los bermellones han dado un paso importante y han conseguido fidelizar al aficionado mallorquín tras unos años de repulsa. 2018 ha sido un año irrepetible por varios motivos. El principal, el haber conseguido volver en una temporada al fútbol profesional. Pero a eso hay que sumarle la capacidad de crear un grupo de jugadores capaces de rendir en Segunda División, algo que hacía tiempo que no se veía en Son Moix. En definitiva, el 2018 para el Mallorca ha sido sublime e irrepetible: ascenso, una magnífica unión entre equipo y afición y un gran rendimiento en Segunda. 

Ascenso a Segunda. El objetivo del año se consiguió. Pasar solamente un año en Segunda B era clave para que el proyecto de Sarver no se estancara. Es más, fue una temporada necesaria para resetear y valorar todo lo que teníamos. Fue un año bonito que se culminó con una fiesta en Palma llena de euforia, complicidad y sentimiento entre equipo y afición. Algo que, para los más jóvenes, solo habían sentido tras la pantalla con recuerdos de antaño. Sin embargo, esta vez, lo vivieron en primera persona.

Mantener bloque, jugadores y cuerpo técnico, ha sido clave para terminar bien el año en Segunda. Poca gente confiaba, pero han callado bocas. Los Fran Gámez, Salva Sevilla, Xisco Campos, Abdón Prats, etc. «No darán el nivel», decían. Contra todo pronóstico y gracias al magnífico trabajo de Vicente Moreno, la esencia del Mallorca de la temporada pasada no se ha desvanecido, todo lo contrario. En cada partido los bermellones compiten hasta dejarse la vida. Reitero el tiempo hacía que no veíamos esto. Gracias a ellos, el Mallorca ha terminado el año rozando el play-off de ascenso y con 30 puntos muy valiosos. 

¿Alguna pega? Los fichajes que no han cuajado. Por sacar algo negativo a este 2018 -siempre hay que sacar algo malo-, qué mejor que mostrar esa particular decepción por los fichajes que no han cuajado. Ojo, la culpa no es de la dirección deportiva, sino de los jugadores. El caso más destacado es el de Carlos Castro. Por no hablar, entre otros, de Alejandro Faurlín, Dani Ndi o Pablo Valcarce. Aun así, obviamente, el balance es más que positivo. El Mallorca ha devuelto la ilusión a sus aficionados y, pase lo que pase en el 2019, este año que termina siempre será recordado con un cariño muy especial.