Una vez más se hizo realidad el tópico de que el Real Madrid no juega las finales, sino que las gana. Una vez más el conjunto madridista se alzó campeón de Europa y se consagra como rey del continente gracias a la consecución de la duodécima. Un título, por otra parte, muy merecido por la superioridad mostrada en la segunda mitad. Esta exhibición blanca en la final de la Champions League responde a cinco claves:

Cristiano, delantero letal. Nuevamente se ha vuelto a demostrar cómo el astro portugués es el mejor del mundo dentro del área. Sabe buscarse los espacios, sus desmarques son precisos y su definición a un toque es letal. Una más, el portugués sentenció una final con dos goles clave en los dos tiros que tuvo. Ambos son una clara demostración de que Cristiano está en un momento de su carrera en el que su dominio dentro del área es brutal y su etapa jugando por fuera está llegando a su fin si quiere seguir luchando con Leo Messi por ser el mejor jugador del mundo. Sin duda, en esta faceta, no hay quien sea tan contundente como Cristiano Ronaldo dentro del área.

Benzema entre líneas. La tarea que nadie aprecia es la que realiza realmente el punta francés. Esa función de aparecer entre líneas a espaldas de los mediocentros de la Juventus fue determinante, ya que obligaba a los centrales juventinos a decidir si salir de zona o no, lo que posibilitaba que en numerosas ocasiones el delantero francés recibiera sólo y pudiera llegar a zonas de peligro con facilidad.

Emparejamiento Alves-Marcelo. Bien es cierto que el lateral izquierdo blanco no tuvo un día tan brillante como en otras ocasiones, por ejemplo en los cuartos contra el Bayern. A lo largo de los 90 minutos se vio un trepidante e igualado duelo entre Alves y Marcelo, lo que generó que el conjunto blanco no generase tanto peligro por ese perfil como en otras ocasiones, pero sirvió para que Carvajal estuviera más liberado en ataque y generase infinidad de incursiones por banda derecha. Es más, el primer gol viene tras un desdoblamiento del lateral español, que con su pase atrás a Cristiano le dejó sólo para hacer el primero.

Orientación del juego ofensivo blanco. A pesar de que muchas veces Zidane es criticado por sus planteamientos tácticos y por el dudoso modelo de juego de su equipo, en esta ocasión es de alabar cómo orientó el juego ofensivo de su equipo para contrarrestar el sistema defensivo italiano. El conjunto madridista aprovechó la verticalidad de Isco para aparecer por dentro y atraer con su juego interior y terminar acabando por fuera. El técnico francés era consciente de que la Juventus se sentiría muy cómodo orientando el ataque rival por los carriles exteriores y defendiendo centros laterales. Por ello, el equipo blanco generó muchas acciones por dentro para acabar por fuera, generalmente con Carvajal. En pocas ocasiones la toma de decisión del lateral era poner centros laterales, sino que optaba con jugar atrás o centros rasos para jugadores de segunda línea, de manera que dificultaba las acciones defensivas de las torres italianas. De hecho, así vinieron los dos goles de Cristiano (el segundo a pase de Luca Modric) y el gol de Asensio.

Fondo de armario. Únicamente hacía falta mirar el banquillo de ambos conjuntos para encontrar la diferencia. Era un hecho que el tiempo corría en contra de la Juventus si no se ponían por delante en el marcador porque la diferencia entre su once titular y los jugadores del banquillo supone un bajón de calidad considerable, y más para un partido así. Y más aún en comparación con el Real Madrid. De hecho, así fue. El conjunto italiano con el marcador en contra se quedó sin soluciones para dar la vuelta al resultado adverso y los jugadores que salieron desde el banquillo no dieron el impulso que el equipo necesitaba. Por su parte, el conjunto madridista realmente no lo necesitó, ya que el once inicial había hecho los deberes antes, aunque Marco Asensio no quería faltar a su cita con el gol y sentenció el encuentro dando la puntilla a la Juventus con el 1-4.